Una crisis de ansiedad puede sentirse intensa en el cuerpo y en los pensamientos. Palpitaciones, respiración rápida, mareo, temblor, náuseas o miedo a perder el control son algunas experiencias posibles. Cada persona puede vivirla de una manera distinta.
Durante los próximos minutos
- Buscá una posición segura. Si podés, apoyá los pies y aflojá hombros, mandíbula y manos.
- Respirá un poco más lento. Sin llenar los pulmones a la fuerza. Probá una inhalación cómoda y una exhalación algo más larga.
- Orientate hacia afuera. Elegí un objeto cercano y describí mentalmente su color, textura y forma.
- Reducí la exigencia. No hace falta eliminar la ansiedad de golpe; alcanza con acompañar el siguiente minuto.
- Contactá a alguien. Una frase simple puede ser suficiente: “Estoy con mucha ansiedad. ¿Podés quedarte conmigo un momento?”.
Cuando la intensidad empieza a bajar
Dale tiempo al cuerpo. Puede quedar cansancio, sensibilidad o preocupación por lo ocurrido. Descansar, tomar agua y anotar qué te ayudó puede servir para reconocer recursos propios en otra ocasión.
Si las crisis se repiten, generan miedo constante o modifican tu vida para evitar lugares y actividades, conversalo con un profesional. Existen tratamientos efectivos para los trastornos de ansiedad.
Fuentes consultadas
Publicado por Cable a Tierra y actualizado el 16 de septiembre de 2026. Contenido informativo; no ofrece diagnóstico ni reemplaza atención profesional.